Refugio Climático en Ripollet
La propuesta ganadora del concurso convocado por el AMB, el refugio climático de la Escuela Ginesta, parte de una doble voluntad: por un lado, generar energía fotovoltaica para el autoabastecimiento del centro y convertirlo en una infraestructura más sostenible; por otro, aprovechar la oportunidad de construir una pérgola que responda a una necesidad cada vez más urgente en las escuelas catalanas: la sombra.
Con el cambio climático, los patios —históricamente grandes superficies de asfalto sin arbolado— se han convertido en espacios hostiles durante buena parte del año. Si antes la pausa escolar coincidía con los meses más calurosos, ahora los periodos lectivos de mayo, junio, septiembre e incluso octubre resultan difíciles de soportar. La educación necesita repensar sus espacios exteriores, y este proyecto es una respuesta concreta a esta nueva realidad.
La propuesta entiende la nueva estructura no solo como una cubierta fotovoltaica, sino como una arquitectura capaz de ser también soporte para la naturaleza. Un gran umbráculo construido con lógica ecosistémica, que reduce el efecto isla de calor, acoge vegetación y actúa como filtro bioclimático y pedagógico. La cubierta, ligera y prefabricada a partir de perfiles metálicos, se concibe como una estructura reversible y adaptable, preparada para evolucionar en el futuro como pabellón deportivo. El proyecto pone en valor la convivencia entre sostenibilidad, funcionalidad y aprendizaje ambiental.