Villa Parque
Villa Parque es la reforma de una casa unifamiliar aislada situada en el barrio de Gràcia, construida a finales del siglo XIX. Se trata de una vivienda singular, rodeada de vegetación, con un jardín posterior denso y silencioso que articula la experiencia de la casa y funciona como una extensión natural de un parque urbano adyacente.
El proyecto nace de una historia personal: la de una persona que, tras muchos años viviendo en el extranjero, decide volver a sus orígenes y establecerse de nuevo en el barrio donde creció. Este regreso no es solo físico, sino también emocional y familiar. El hijo del cliente vive, junto con su pareja y su hija recién nacida, en la misma calle. Así, la reforma de la casa representa un retorno doble: al barrio y a la familia. El proyecto se convierte así en una oportunidad para volver a tejer vínculos, habitar la proximidad y hacer vida de pueblo (toda la familia en la misma calle) dentro de la ciudad.
Concepto
Villa Parque parte de una idea: hacer que el jardín sea el verdadero corazón doméstico de la casa. La intervención establece una relación íntima y porosa entre interior y exterior. La casa, construida a cuatro vientos, contenía un potencial latente para abrirse mucho más al verde, a la luz y al aire.
A partir de esta idea, el proyecto se propone oxigenar la vivienda, hacerla más diáfana, más conectada con el entorno y más amable de habitar. Se redefinen las circulaciones, se practican grandes aperturas, se reconfiguran los muros y se modifican las proporciones del espacio para generar una casa más abierta y permeable.
Pero esta “apertura” no significa borrar la memoria. El proyecto mantiene y pone en valor elementos originales como los pavimentos hidráulicos, ahora dispuestos como alfombras que marcan las zonas donde antes había estancias compartimentadas, sacando a la luz las huellas de otra forma de habitar. Esta conservación selectiva genera un diálogo entre pasado y presente que estructura toda la operación.
Además, el proyecto incorpora una mejora energética significativa: la envolvente interior se aísla con un trasdosado de 10 cm de grosor, mejorando el confort térmico y reduciendo el consumo energético.
En definitiva, Villa Parque es una operación quirúrgica de precisión, donde se trabaja con cuidado para preservar el alma de la casa original, al tiempo que se le ofrece una nueva vida más abierta, luminosa y sostenible. Una casa que, como su habitante, regresa a los orígenes con una mirada renovada.
Distribución y Recorrido
Villa Parque es una casa a cuatro vientos que, con el paso del tiempo, sufrió múltiples reformas que fragmentaron su espacio y rompieron su fluidez. El proyecto responde a este pasado dividido con un gesto claro: reconectar, abrir y liberar.
La estrategia distributiva busca expandir al máximo los espacios y establecer relaciones francas entre estancias, tanto a nivel físico como visual. Se prescinde de pasillos y callejones sin salida, y se configura una planta fluida, donde cada espacio conecta con el siguiente de manera orgánica e intuitiva.
En la planta a nivel de calle, el espacio se concibe como una gran sala continua donde cocina, comedor y recibidor se entrelazan en un recorrido libre que culmina en la fachada abierta al jardín. Aquí, la circulación no se limita a un tránsito funcional, sino que se convierte en una secuencia espacial habitable. Para potenciar esta transparencia, se instalan puertas de vidrio de gran formato, pivotantes, ligeras y translúcidas, que permiten la máxima continuidad visual y diluyen los límites entre ámbitos.
La escalera patrimonial se conserva como elemento central del recorrido vertical, ahora pintada en un azul intenso Klein que dialoga con las arquitecturas mediterráneas y jujolianas. Este gesto cromático introduce una pausa icónica en el flujo del espacio.
En la planta jardín, semienterrada, el tono cambia: se busca una atmósfera más recogida y protegida, propia del ámbito nocturno e íntimo. Las habitaciones se abren directamente al jardín, estableciendo una conexión directa con la tierra y la vegetación.
El juego de alturas también contribuye al recorrido: el acceso se comprime ligeramente, el recibidor abre una transición, y la sala y la cocina se expanden con techos más altos y estructura de vigas vista, generando una gradación espacial que acompaña el movimiento.
El jardín actúa como contrapunto exterior: un pavimento continuo lo reseña como una extensión habitable de la casa, mientras las zonas verdes se adosan a las fachadas. Una fuente ornamental y una pérgola metálica aportan sombra y frescor en verano. La fachada posterior se simplifica para recuperar el volumen cúbico original, y la escalera exterior que conecta con el jardín se muestra ahora claramente, como un nuevo gesto de conexión franca con el exterior.
Materialidad
La intervención busca una materialidad honesta. Se recuperan los pavimentos hidráulicos originales de la casa. Donde no los había, se extienden estos patrones pero en blanco monocromo, con baldosas del mismo formato. Se liberan al máximo los falsos techos para mostrar la estructura de la cubierta, con vigas de madera.
Asimismo, la cocina flota sobre pequeñas patas, permitiendo que el pavimento original se extienda por debajo.
Se busca una dualidad entre las dos plantas. Así, la planta a nivel de calle, elevada respecto al jardín, se trabaja con tonos blancos, luminosos y ligeros. Toda ella blanqueada y con espejos, para generar un juego de reflejos y transparencias que remiten a la ligereza de estar elevada y atravesada por el verde del parque y el jardín.
En contraste con esta sensación, la planta jardín, semienterrada, toca la tierra, y por tanto se buscan materialidades más terrosas. El pavimento de madera evoca este contacto. Los tonos de algunas paredes son beige, en consonancia con esta idea de conexión con la materialidad de la tierra.
Así, la planta calle, elevada, recuerda a una nube por sus tonos, colores y efectos. Mientras que la planta jardín evoca la cueva, el hogar más protegido, el lugar donde dormir y pasar la noche.
En cuanto al jardín, se ha trabajado con la vegetación existente, añadiendo plantas de baja irrigación. El pavimento, de ladrillo manual, enlaza el interior de la casa con el jardín. Y la valla metálica, liviana, prolonga hacia arriba los muros existentes, pero de forma ligera y contemporánea para que la vegetación sea la verdadera protagonista.