LA BARBACOA COMUNAL

LA BARBACOA COMUNAL

Comer colectivo en un parking renaturalizado

La comida colectiva ha sido siempre un pilar central en la generación de identidad comunitaria y en la cohesión social en nuestra cultura mediterránea. Cenas callejeras durante la fiesta mayor, «calçotadas» de amigos en el frío de febrero, barbacoas domingueras o soplar las velas de un pastel con los compañeros de clase en un parque son ejemplos de generación comunitaria alrededor de la comida. Tal como destaca Carolyn Steel, el acto de comer no solo ha nutrido a las personas, sino que ha dado forma y vida a los espacios públicos y, en última instancia, a las ciudades. El ágora de Atenas, el foro de Roma, el Borough Market de Londres, la Boquería en Barcelona o la plaza Djemaa-el-Fna, en Marrakech son ejemplos que demuestran como el comer es un generador de urbanidad y un vector para el encuentro colectivo.

En el contexto actual, donde la vida urbana está en declive y el sentido de comunidad se desvanece, es esencial redefinir y revitalizar nuestros espacios públicos. La pandemia de la COVID-19 nos ha mostrado que muchas de nuestras necesidades pueden satisfacerse sin salir de casa, desde el trabajo hasta el entretenimiento. Sin embargo, esta situación también ha evidenciado la importancia de los espacios comunes para mantener viva la interacción social y fortalecer los lazos comunitarios. Al mismo tiempo, en un mundo donde la lucha contra el cambio climático se vuelve cada vez más urgente, los espacios asfaltados, símbolos de una cultura adicta a los combustibles fósiles, tienen el potencial de ser transformados en los nuevos espacios verdes que tanto necesitan nuestras ciudades. El proyecto busca precisamente esto: convertir un aparcamiento sin identidad en un lugar de encuentro y renaturalización, donde la comida comunitaria actúe como catalizador de nuevas interacciones sociales.

El proyecto se centra, así, en la transformación de un aparcamiento olvidado y desolado en las afueras de Castell d’Aro, originalmente pensado como un parque de acceso a través de la antigua Vía Verde, pero que con el tiempo se ha convertido en un campo de asfalto, almacén de todo tipo de vehículos y sin conexión significativa con el entorno urbano. En medio de este paisaje yermo, una solitaria barbacoa municipal de uso público y libre, oculta tras un cerco de madera, ha logrado convertirse en un reducto de vida social activa durante los fines de semana y días festivos, atrayendo tanto a vecinos como a ciclistas. Esta actividad, aunque modesta, revela el potencial transformador de la comida como elemento socializador.

¿Por qué no potenciar lo que ya funciona en el lugar como activador del cambio? Así entendemos la barbacoa existente como eje central del proyecto para transformar este no-lugar en un nuevo espacio abierto a realidades humanas y no-humanas, generador de nuevos vínculos e identidad a través del comer colectivo en un ámbito renaturalizado. Donde antes solo había asfalto, ahora aparecen árboles y plantas aromáticas mediterráneas. La barbacoa existente, lejos de ser demolida, se convierte en un elemento central de la intervención. Su estructura se reviste con una baldosa azul tradicional de la Bisbal, evocando los tonos y matices del Mediterráneo. Una elegante pérgola protege a quien cocina con sombra y una chimenea con guiños a Hansel y Gretel eleva el humo más allá de la copa de los árboles, anunciando que ¡Ya es hora de comer!

Para favorecer la socialización y el comer colectivo, diseñamos una gran mesa zigzagueante e inclusiva para 50 comensales, cuya forma inspirada en un ciempiés se entrelaza suavemente con los troncos de los árboles. Esta disposición invita a los vecinos a compartir momentos de convivencia y a fortalecer los lazos de amistad en un ambiente relajado y acogedor a la sombra de los árboles

El proyecto no solo busca la revitalización social y la renaturalización del espacio, sino que también tiene una clara dimensión paisajística. Se ha proyectado una plantación de vegetación autóctona, incluyendo plantas crasas que requieren poca irrigación, ideales para los periodos de sequía. A esto se suman especies aromáticas que no solo embellecen el entorno, sino que también sirven para condimentar las comidas comunales, y plantas florales para favorecer la polinización. No se apuesta únicamente por la flora, sino también por la fauna local: se potenciará la nidificación en los nuevos árboles y se atraerán especies de aves características de la zona mediante la inserción de nidos en antiguos postes de luz, transformando así una estructura antes destinada a iluminar en una arquitectura para la fauna.

El diseño paisajístico se organiza con formas quebradas que evocan el geomorfismo, reforzado por la inserción de rocas de diversos formatos que aportan robustez y tridimensionalidad a la geometría del espacio. Las texturas y colores de la plaza rompen con la dureza del antiguo aparcamiento asfaltado, generando un antagonismo visual que resalta el cambio. Los colores alegres y luminosos de la barbacoa, que evocan el cielo despejado y el paisaje marítimo cercano, se combinan con los tonos terrosos de las rocas y la tierra, y los verdes y amarillos de los pinos y demás vegetación.

Además, la intervención tiene una escala urbana que conecta el campo con el centro de Platja d’Aro. La barbacoa comunal se encuentra en un lugar estratégico, punto de entrada a la localidad desde la Vía Verde, un recorrido que cruza campos y conecta pueblos, facilitando el desplazamiento a pie o en bicicleta por el Baix Empordà. Con esta intervención, el proyecto no se limita a la escala local, sino que busca resignificar y dar un nuevo espíritu de bienvenida a quienes llegan, convirtiendo lo que antes era un no-lugar en un espacio de socialización, naturaleza y arquitectura que celebre el encuentro y la vida en comunidad.

La Barbacoa Comunal

h3o arquitectos 

Castell d’Aro

Espacio público

Encargo 2021. Finalización 2023

Cliente: Ajuntament de Castell, Platja d’Aro i S’Agaró

Superficie: 1738m2

Presupuesto: 250.000 euros

Equipo: Miquel Ruiz Planella, Joan Gener González, Adrià Orriols Camps, Marcel Heras Toledo, Ramon Illan Salas, Paula Widomska y Morgane Wolf

Colaborador: 

> Ofici Arquitectura (Estructuras)

> Natura Monfred (Biodiversidad)

Fotografía: Jose Hevia (arquitectura) Marta Ballesta Garcia y Martin Sunjic Bertoni (estado actual) Fernando Rebollo Marí (dron) Lluís Tudela (inauguración) Enrico Sciannameo

 

Agradecimientos: Mercè Lorente Gras y Carolina Valero Ramos

 

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