En el barrio de Gràcia aún quedan algunas joyas escondidas. Son casas rodeadas de jardín que conservan el espíritu de un tiempo pasado, cuando las familias acomodadas buscaban refugio fuera de la ciudad para respirar aire puro. Este es el caso de la Casa Plató. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XIX. El señor XXX, después de hacer fortuna en Cuba con la caña de azúcar, regresó a la ciudad y adquirió una antigua masía en Gràcia. Para adaptarla a su nuevo estatus social, la amplió con una torreta, galerías y la adornó con molduras y balaustres, transformando una edificación austera en una casa señorial. Esta nueva apariencia convirtió lo que hasta entonces había sido una de las primeras construcciones del barrio —con mucho terreno a su alrededor pero sin florituras— en una casa de presencia señorial.
El tiempo pasaba y los terrenos que conformaban los jardines de las grandes casas del barrio se iban vendiendo, parcelando y construyendo. Sin embargo, la Casa Plató conservó un insólito jardín verde, que podríamos considerar uno de los últimos pulmones del barrio. Si caminas por Gracia, nunca imaginarías lo que se esconde detrás del muro de piedra y la puerta de hierro: un jardín con casetas para los gansos, los aros de cerámica azul o la fuente de aires grotescos; y entre los árboles aparece esta arquitectura fosilizada, rodeada de vegetación, como una caja de memoria familiar. En el interior, todo permanece intacto: muebles, alfombras, lámparas y espejos. Como si el tiempo se hubiera detenido allí.
Precisamente por eso, a lo largo de los años, su jardín, su interior y su luz en penumbra han sido escenario de varios rodajes. De Carla Simó a Ángela Molina, las lecturas que se han hecho de la casa son tan diversas como sus rincones. Y es aquí cuando, con el paso de una generación a otra, surge el encargo: actualizar la casa para hacerla habitable hoy, pero sin perder el carácter que la hace única para los rodajes. El proyecto se construye desde esta tensión entre preservación y transformación. Se conservan revestimientos, molduras y detalles originales con una mirada casi arqueológica, mientras se introducen con mucho cuidado nuevos elementos como un baño y una cocina renovada: piezas contemporáneas que se insertan como si siempre hubieran estado aquí, respetando las trazas originales pero siendo totalmente nuevas.
El nombre de Casa Plató sintetiza esta doble condición: es escenario y es vivienda. Una casa que mantiene viva una historia, pero que también permite la ficción. Una casa que acoge lo que ha sido y lo que podría ser en otras realidades cinematográficas.
Descripción de la intervención
La intervención en la Casa Plató se concentra en tres ejes principales: la ampliación de la cocina, la creación de un nuevo baño y la incorporación de nuevas aperturas que permiten llevar la luz hasta el corazón de la casa. También se añade una terraza que mejora la relación con el jardín y que se funde visualmente con el conjunto gracias a la continuidad de los azulejos azules característicos del patio. Paralelamente, se lleva a cabo una cuidadosa restauración de los elementos patrimoniales existentes: pavimentos hidráulicos, radiadores antiguos, molduras y colores originales, conservados como parte esencial de la identidad de la vivienda.
La antigua cocina se mantiene casi intacta, con sus muebles de madera pintada y el fregadero original de mármol, testigos de la casa original. La intervención se aproxima con una precisión casi quirúrgica, ampliando el espacio y actualizando las partes esenciales sin alterar su espíritu. Se reproduce el pavimento oscuro con piezas nuevas del mismo tono, y se incorporan una campana blanca de formas geométricas, una repisa de madera y una mesa integrada del mismo material, aportando calidez y funcionalidad. Los paramentos revestidos con azulejo y el mobiliario original conviven con estos gestos contemporáneos, generando un espacio doméstico renovado pero fiel a su memoria.
El nuevo baño se inspira en los baños domésticos de los años treinta, vinculados al primer movimiento moderno y a su imaginario higienista y funcional. El espacio se resuelve con paramentos de gresite blanco, pavimento oscuro y un lavabo de acero inoxidable y mármol con formas ondulantes. El elemento central es una ducha circular, rodeada por una cortina perimetral, que transforma el gesto cotidiano de ducharse en una escena casi teatral. Completan el espacio espejos circulares, griferías de formas curvas y lámparas de época, que acentúan el carácter atemporal y cinematográfico de la estancia.